martes, 8 de abril de 2014

Política educativa, prácticas y debates en los Estados Unidos. Reflexiones sobre América Latina

Mónica E. Pini (*)

Gary L. Anderson (**)
Descripción: http://www.rieoei.org/imagenes/lin_az.gif
El propósito de este trabajo es describir y analizar los lineamientos y debates más relevantes de la política educativa en los Estados Unidos, a fin de desarrollar una perspectiva más amplia acerca de los procesos de gestación de ideas y estrategias que luego se proponen para América Latina como respuestas válidas universalmente.
Comenzando por los «Goals 2000» y su contexto político de gestación, extendemos el análisis al movimiento de elección de escuela bajo sus diferentes estrategias, argumentos y posiciones, tal como se está desarrollando en los Estados Unidos. Dado que los organismos internacionales promueven estrategias similares y que su difusión en América Latina avanza rápidamente, este trabajo trata de contribuir no sólo a una mejor comprensión de estas políticas en su lugar de origen, sino a promover una revisión más cuidadosa de las diferentes condiciones sociales, económicas y culturales de los lugares en que las mismas pretenden aplicarse.
En octubre de 1999 se realizó en Norteamérica la tercera cumbre sobre educación de los últimos diez años. La primera fue en 1989, donde se establecieron objetivos nacionales para la educación «Goals 2000»; la segunda fue en 1996, en la que se discutió acerca de los estándares; y la tercera prometía ser bastante más complicada porque su agenda incluía el perfeccionamiento docente, el aumento de las oportunidades de aprendizaje para alcanzar los estándares, la libertad de elección y la diversidad de las escuelas, el fortalecimiento de los sistemas de evaluación, y la construcción de consensos para la implementación de los estándares.
(*) Mónica E. Pini es profesora en Ciencias de la Educación y Máster en Administración Pública de la Universidad de Buenos Aires, Argentina.
(**) Gary L. Anderson es profesor de Administración de la Educación en The California State University, Los Angeles, Estados Unidos.
Descripción: http://www.rieoei.org/imagenes/lin_az.gif
1. Goals 2000
«Goals 2000» (U.S. Department of Education, 1996) son ocho objetivos a nivel nacional acordados entre los gobernadores de los dos partidos, establecidos por ley en 1994, después de cinco años de discusiones y de más de diez de intentos de dar respuesta a la «crisis educativa». Los objetivos nacionales en educación son los siguientes:
Para el año 2000:
·         Todos los niños en Norteamérica comenzarán la escuela preparados para aprender.
·         La tasa de graduación de la escuela secundaria debe aumentar al menos hasta el 90%.
·         Todos los estudiantes tendrán que terminar los grados 4º., 8º. y 12º. habiendo demostrado competencia en contenidos importantes de las materias académicas.
·         Los estudiantes norteamericanos deberán ser los primeros en el mundo en logros en Matemáticas y Ciencias.
·         Todo adulto norteamericano estará alfabetizado y poseerá el conocimiento y las habilidades necesarias para competir en la economía global y para ejercitar los derechos y responsabilidades de la ciudadanía.
·         Todas las escuelas de los Estados Unidos estarán libres de drogas, de violencia y de la presencia de armas de fuego y de alcohol, y ofrecerán un ambiente disciplinado orientado al aprendizaje.
·         El cuerpo docente del país tendrá acceso a programas para el mejoramiento continuo de sus destrezas profesionales, y la oportunidad de adquirir el conocimiento y las habilidades necesarias para instruir y preparar a todos los estudiantes norteamericanos para el próximo siglo.
·         Todas las escuelas promoverán la asociación (partnership) con personas y entidades de la comunidad, lo que aumentará la implicación de los padres y su participación en el estímulo al crecimiento social, emocional y académico de los niños.
Las principales características de este programa son:
·         El Estado federal da financiamiento a los estados y comunidades para apoyar planes y reformas dirigidos a elevar los logros académicos de los estudiantes.
·         Flexibilidad, los estados y los distritos escolares pueden utilizar los fondos para una amplia gama de actividades, incluso ya comenzadas, en función del enfoque que adopten para ayudar a los estudiantes a elevar sus estándares académicos.
·         Promueve la participación ciudadana a través del consenso entre grupos, individuos e instituciones, para una acción concertada y responsable de educadores, empresarios, organizaciones de padres y líderes políticos para su desarrollo.
·         El mejoramiento de los logros académicos se verifica por medio del cumplimiento de estándares1 (estatales o nacionales).
·         Se dirige a todos los estudiantes para disminuir la brecha de rendimiento existente entre los estudiantes blancos y los pertenecientes a minorías.
·         Las escuelas deben rendir cuentas de sus resultados en función de los objetivos definidos por la comunidad, y reciben apoyo para mejorar este aspecto.
·         El perfeccionamiento docente es una de las claves para el mejoramiento.
No nos vamos a detener aquí en un análisis más exhaustivo sobre los supuestos implícitos en los «Goals», porque preferimos referirnos al contexto político en el que surgieron.
1.1. Contexto político ideológico
Los «Goals 2000» se gestaron durante una presidencia republicana en pleno auge del neoconservadurismo, pero obtuvieron el acuerdo necesario para continuar con el actual presidente demócrata. Tanto los neoliberales como los conservadores mantienen fuertes críticas contra la burocracia gubernamental en nombre de la libertad de pensamiento, de mercado, de elección. Sin embargo, los neoconservadores también sostienen que el Estado limitado debería jugar un papel activo en la protección de la moral pública y en la calidad de la enseñanza a través de la censura y de los estándares académicos (Spring, 1997).
A pesar de que los neoliberales enfatizan los valores del mercado y los neoconservadores los valores tradicionales, Apple (1996) afirma que ambos responsabilizan a las escuelas de la mayor parte de los problemas de la sociedad. Para este autor, dicha alianza «combina los negocios con la Nueva Derecha y con los intelectuales conservadores» (p. 27). Las principales propuestas de este «bloque de poder» incluyen la implementación de programas de elección de escuela como bonos o créditos en los impuestos, el intento de establecer estándares de excelencia, el ataque a las escuelas públicas porque no encarnan los tradicionales valores occidentales, y la petición de incluir las necesidades de las empresas en los objetivos de la educación.
La presidencia de Reagan representó «un cambio significativo en el discurso de la ingeniería social, ya que los remedios estatales para los problemas sociales perdieron terreno frente a los remedios basados en el mercado» (p. 137). Su gobierno afirmaba que la burocracia estatal era inefectiva e ineficiente en el manejo de los servicios sociales, y que el sector privado era más capaz de cumplir ese papel. La publicación del informe Nation at Risk, en 1983, marcó el comienzo de un poderoso ataque contra la escuela pública e inició la campaña a favor del modelo de mercado, en el que la libertad de elección y la competencia aparecieron como los principales valores para la educación. No encontramos nada relacionado con otros valores democráticos tales como equidad, justicia y responsabilidad social en los principios republicanos. ¿Cómo se explica políticamente, entonces, la continuidad de un programa como «Goals 2000» dirigido a mejorar las posibilidades de todos los estudiantes? El análisis de Spring (1997) sugiere que lo que sucedió fue unaggiornamento de los Nuevos Demócratas para ganar votos en la clase media blanca, que no se sentía representada por un partido que defendía sobre todo a los pobres, las minorías raciales, los homosexuales y los pacifistas. Y que también surgió una división entre los republicanos a causa del fundamentalismo de la derecha religiosa, por lo cual muchos se acercaron al Partido Demócrata. La interpretación de Apple (1996) es que «grupos poderosos del gobierno, de la economía y de los movimientos sociales populistas autoritarios, han sido capaces de redefinir —a menudo de modo regresivo— los términos del debate en educación, del estado de bienestar y de otras áreas del bien común» (p. 27).
La educación es un tema importante a nivel nacional, o tal vez es el tema elegido por los dos partidos principales para gestar la unidad, frente a una situación considerada «grave». Sin embargo, la crisis de la educación pública norteamericana tiene otras interpretaciones, como la de Berliner y Biddle (1995), que afirman que la «crisis manufacturada» no es un hecho accidental, sino que más bien aparece en un contexto histórico específico y agitada por críticos identificables, cuyos objetivos políticos fueron promovidos usando a los educadores como chivos expiatorios. Otros autores (Lind, citado por Spring, 1997; Liston y Zeichner, 1997) se preguntan si esta guerra contra la escuela pública no es una cortina de humo del ala derecha republicana para ocultar la crisis económica y el crecimiento de las desigualdades, y si la crisis de la educación no es el reflejo de la crisis general del conjunto de la sociedad.
Al mismo tiempo, encontramos el deseo moralizador de la derecha religiosa, que sostiene que «la solución de los problemas públicos fue la enseñanza de la moralidad y de los valores de la cultura occidental» (Spring, 1997, p. 5). Así, su propuesta de imponer el rezo en las escuelas públicas cuenta con fuerte soporte económico de algunas empresas y fundaciones, permitiendo promocionar a ciertos candidatos que difunden estas ideas. Por ejemplo, la Heritage Foundation, el Hudson Institute, el Manhattan Institute y el American Enterprise Institute, son poderosas bases económico-ideológicas para los analistas neoconservadores.
En el acuerdo «Goals 2000»parecen haberse plasmado las ideas de la derecha y de los demócratas radicales con respecto a la libertad local y a la menor intervención del Estado, las ideas republicanas de estándares nacionales para un mayor control de calidad y competitividad, y las ideas demócratas de que todos tienen que tener las mismas oportunidades y de que el gobierno federal es el responsable de garantizarlo, sosteniendo programas compensatorios que se combinen con iniciativas locales. Sin embargo, en las enmiendas realizadas al Programa, en 1996, se observan cambios encaminados a una mayor flexibilidad hacia los estados y agencias locales, que pueden leerse dentro del marco de la presión que ejercen los conservadores en su defensa de los poderes locales, bajo el reclamo de mayor libertad.
Este es el contexto en el que también se desarrolla el movimiento por la elección de escuela, que constituye una de las propuestas de reforma más importantes en los Estados Unidos, y que dentro del marco de lucha política por el control de la educación es defendida tanto por sectores conservadores como progresistas, obligándonos, una vez más, a intentar definir contextualmente los términos de dicha lucha.
2. El movimiento por la elección de escuela (school choice)
El tema de la elección de escuela por parte de los padres es uno de los más controvertidos en la educación norteamericana actual. Sus fundamentos son defendidos desde grupos muy diversos del espectro ideológico. Dentro de este movimiento encontramos diferentes posiciones, que van desde la defensa de la elección sólo entre escuelas públicas como un medio para mejorar la educación pública, pasando por los que quieren ampliarla a las privadas laicas, hasta los que postulan la libre elección de escuela pública o privada2 sin distinción, lo que conduce a fuertes polémicas acerca de la separación constitucional entre la Iglesia y el Estado.
La demanda básica de la elección de escuela es que ésta, para trabajar mejor, debe tener más autonomía, y los padres mejores opciones que la escuela pública de la zona, a menudo percibida como deficiente. Entre las principales propuestas encontramos: escuelas charter, programas de bonos, escuelas imán y escuelas en el hogar. En este trabajo nos vamos a referir a las dos primeras, porque son las que se están difundiendo con cierta rapidez en América Latina.
2.1. Las escuelas con contrato (charter school)
Las escuelas charter son aquellas que firman un contrato con el estado o el distrito, por el cual obtienen dispensas con respecto a ciertas normas escolares generales y fondos del gobierno, para poder cumplir con los objetivos establecidos en dicho contrato. Cada estado determina por ley qué características y qué duración podrán tener los contratos en su territorio, así como los requisitos para poder ser renovados. Debido a que hay una gran variedad de leyes y a que el contrato es específico en cada caso, encontramos una enorme diversidad en las características de estas escuelas entre un estado y otro, y aún dentro del mismo estado. Esa flexibilidad hace que las escuelas charter tengan características tanto de escuelas públicas como privadas, tema que vamos a analizar en primer término.
2.1.1. El carácter público de las escuelas charter
La Oficina de Investigación y Mejoramiento Educacional del Departamento Federal de Educación (U. S. Department of Education, 1998) caracteriza las escuelas charter como públicas y diferenciadas por su contrato. Las dimensiones que vamos a explorar en función de clarificar las diferencias —y similitudes— con las escuelas privadas son: financiamiento, posibilidad de elección, control, status legal y accesibilidad.
Financiamiento. Todas las escuelas charter reciben fondos públicos, pero su manejo operativo no es comparable con el de las demás, ya que en muchos casos las normas que las rigen difieren básicamente. Lo usual es que reciban la misma cantidad por alumno que la que recibe cualquier escuela del distrito, y eso pone en desventaja a los grupos promotores que no tienen el capital suficiente para la infraestructura ni los elementos necesarios para comenzar. Con respecto a los alumnos, si la escuela no está en la zona correspondiente a su domicilio, deben asumir el gasto del transporte, que de otro modo es gratis en los Estados Unidos.
Elección. Esta dimensión estuvo tradicionalmente asociada a las escuelas privadas. Sin embargo, tal característica no es suficiente para diferenciar escuelas públicas y privadas, porque más de la mitad de los padres elige mediante algún tipo de influencia o mediante la opción del barrio donde vive (U.S. Department of Education, 1997). En 1993 solamente el 41% de los estudiantes concurría a escuelas públicas asignadas. Además, estudios hechos en los Estados Unidos y en diferentes países muestran que las familias con mayores ingresos tienen más posibilidades de elección, lo cual incrementa la estratificación social (Gewirtz, Ball, y Bowe, 1995; Lauder y Hughes, y Watson, Waslander, Thrupp, Strathdee, Simiyu, Dupuis, McGlinn, y Hamlin, 1999; Patrinos y Ariasingam, 1998; U. S. Department of Education, 1997; Whitty, Power y Halpin, 1998).
Control. Las escuelas charter, a diferencia de las privadas, son evaluadas por sus resultados; esto significa que están sujetas a una rendición de cuentas (accountability). Algunas leyes establecen la obligación de que sus alumnos sean sometidos a los mismos tests que las escuelas públicas, pero otras no. Para evaluar las escuelas charter en Los Angeles se ha puesto en marcha un enfoque comprensivo, que reconoce que «los resultados y éxitos de cada escuela pueden ser atribuidos a diversos factores» (WestEd, 1998, p. 3). Por lo tanto, podríamos preguntarnos cómo desarrolla cada estado el proceso de evaluación de sus escuelas charter (qué parámetros y qué clase de indicadores de éxito utilizan, tales como rendimiento de los alumnos, satisfacción de la comunidad, administración de los fondos, etc).
Status legal. En muchos estados las escuelas charter son entidades legales independientes que pueden seleccionar y/o negociar con su personal (U. S. Department of Education, 1998, p. 111). La tendencia en la legislación se encamina hacia a la ampliación y la flexibilización. A pesar de que no sabemos aún qué aspectos incluye exactamente esta flexibilización, un estudio de Morando Rhim (1998) advierte que «hay un fuerte interés en el sector privado por capitalizar el mercado educativo» (p. 51) y que los procesos de subcontratación que han comenzado en el sistema público representan una aparente «segunda ola» del sistema de privatización escolar. Un ejemplo es el caso del Proyecto Edison3. Las leyes de charter de los estados de Colorado y Massachusetts permiten firmar convenios con contratistas privados, lo cual abre la posibilidad de lucro con el dinero de las escuelas públicas.
Accesibilidad. En este sentido, las escuelas charter son públicas porque son abiertas a todos los estudiantes, son gratuitas, no pueden poner requisitos de admisión y, al menos en teoría, reciben población social y étnicamente diversa.
En síntesis, las escuelas charter son públicas porque reciben financiamiento estatal y están abiertas a todos los estudiantes, y porque su funcionamiento está bajo el control del estado, que puede no renovar su contrato si no demuestran haber cumplido con los objetivos propuestos en él. Sin embargo, en la práctica, la flexibilidad, la ambigüedad y la permisividad de las leyes, el creciente interés de los sectores privados en el negocio de la educación y la presión política a favor de los modelos de mercado, hace necesario contextualizar y definir mejor los objetivos públicos de estas escuelas.
2.1.2. Las escuelas charter ¿son mejores?
Los elementos que vamos a explorar son: expansión, tamaño y distribución étnica y socioeconómica de la matrícula, ya que no se dispone de información suficiente acerca de los logros en el aprendizaje.
Expansión. Las escuelas charter y el número de estados que han sancionado leyes de charter se han multiplicado desde 1993. Algunas de las causas se relacionan con la disminución de la credibilidad del estado y de sus instituciones en relación con la democracia representativa, pero hay una específica y profunda «crisis» del sistema educativo público que está en el centro del debate. Como ya vimos, el diagnóstico y la solución dependen de quién define la crisis. No hay estudios que indiquen mayor rendimiento de los alumnos.
Tamaño. La mayor parte de las escuelas charter es de menor tamaño que las escuelas públicas tradicionales; más del 60% tiene menos de 200 alumnos, mientras sólo alrededor del 16% de las demás escuelas públicas cuenta con ese número (U.S. Department of Education, 1998). Nadie podría asegurar si su «éxito»—de acuerdo con los indicadores de satisfacción de los padres— se debe a que los programas responden a las necesidades de la comunidad, o a que en escuelas y aulas más pequeñas se puede enseñar y aprender mejor (Waymack y Drury, 1999).
Distribución étnica y socioeconómica de la matrícula. La distribución parece semejarse a las otras escuelas públicas, pero al menos un tercio de las charter atiende a estudiantes pobres o pertenecientes a minorías étnicas. Si bien la orientación hacia estudiantes menos favorecidos puede significar mejorar sus posibilidades, al mismo tiempo puede constituir una nueva forma de segregación, en muchos casos voluntaria, por parte de familias que no sienten que las escuelas oficiales estén respondiendo a las necesidades de sus hijos. Los datos de varios estudios son consistentes en este sentido (U.S. Department of Education, 1998; Nathan, 1996; WestEd, 1998).
La evaluación de Los Angeles (WestEd, 1998) sugiere otros factores que pueden ser significativos para el mejor funcionamiento de las escuelas charter: experiencias previas de reforma impulsadas desde el distrito o desde el estado, tiempo y trabajo extra aportado por directores y maestros, políticas para captar alumnos, y una amplia variedad de programas dirigidos a alentar la diversidad y la participación de los padres. La difusión de este tipo de factores mejoraría el funcionamiento de todas las escuelas.
Como hemos afirmado en otros artículos (Anderson, 1998; Pini y Cigliutti, 1999), el ataque a la escuela pública de muchos defensores de la elección es una forma de responder tanto a la crisis de legitimidad del estado como a una percibida crisis de efectividad y eficiencia de las instituciones públicas y de la burocracia estatal. Una de las alternativas más probables consiste en convertir a las escuelas charter en el primer paso para crear el sentido común favorable a la privatización a través de los bonos u otras estrategias. El siguiente artículo periodístico resulta significativo en ese sentido, sobre todo porque Shokraii es una de las analistas de The Heritage Foundation, de la cual hablaremos más adelante:
«Los que observan la elección de escuela desde más cerca ven las escuelas charter como la reforma educativa con más probabilidades de éxito. Esto se debe en parte a que los planes de las charter usan dinero público para sostener escuelas privadas, pero no amenazan a las escuelas públicas de la nación o a los grupos que están detrás, como los sindicatos docentes». Por esas razones, Shokraii-Rees afirma: «Es mucho más fácil venderles las escuelas charter a los políticos y al público . . . dan a los padres una experiencia de elección de escuela que no habían tenido antes . . . ayudan a legitimar programas de elección de escuela más ambiciosos». (Bray Duff, 1999).
Los conservadores quieren «vender» las escuelas charter a los políticos y al público, porque parecen ser menos conflictivas para los sindicatos y grupos que defienden la escuela pública. Sin embargo, el objetivo real parece ser legitimar bonos y otras estrategias que significan financiamiento público para escuelas privadas.
2.2. Los programas de bonos (vouchers)
El financiamiento público de las escuelas privadas es uno de los temas más polémicos de la educación norteamericana actual. El sistema de bonos, o elección de escuelas privadas, permite a los padres usar fondos públicos para enviar a sus hijos a escuelas privadas. En la mayoría de los casos, cada estudiante recibe una suma equivalente a la que el estado hubiera gastado en el sistema público.
El sistema de bonos es una forma de mercantilización de la educación, es decir, la educación puede ser intercambiada como cualquier otro bien en el mercado capitalista. Esto significaría abandonar una respetable tradición de educación pública, que en los Estados Unidos se ha caracterizado por financiamiento estatal, asistencia obligatoria, acceso universal, gratuidad, provisión de transporte en la zona, edificios, docentes, materiales, libros y servicios compensatorios (por ejemplo, almuerzo o programas especiales). Tal como sucedió en otros países, el sistema educativo público ha sido uno de los pilares de la democracia y ha contribuido a mejorar la calidad de vida de la sociedad en su conjunto. Sin idealizar la escuela pública y desde una perspectiva sociológica, el acceso universal a la educación ha generado mayor inclusión e igualdad en el sistema (Labaree, 1997). Esto constituye un gran logro, basado en una concepción de la educación como bien público. Si la educación se considerara un bien privado, sus prioridades serían el beneficio individual y la competencia.
2.2.1. Los programas de bonos en los Estados Unidos
A pesar de que los programas de bonos en los Estados Unidos no son por ahora muy numerosos, es considerable el grado de agitación que se ha producido alrededor del tema. Milwaukee (Wisconsin) comenzó su primer programa piloto en 1990, cuando aproximadamente 500 estudiantes de familias pobres recibieron bonos para asistir a escuelas privadas. En 1999, y por primera vez, los bonos pudieron usarse para concurrir a escuelas religiosas. En Cleveland (Ohio), la mayoría de los alumnos de escuelas primarias incluida en el plan de bonos, concurre a escuelas religiosas. La constitucionalidad de ambos programas ha sido cuestionada en el parlamento, porque el financiamiento estatal a escuelas privadas se considera una violación de la separación entre la Iglesia y el Estado (Roberts, 1999).
Sin embargo, la historia de los bonos escolares no empieza con estos programas recientes. Milton Friedman propuso el uso de bonos como medio para permitir la elección de escuela y que el gobierno financiara la educación pero no manejara las escuelas. Entre los años 50 y 90 los conservadores han proclamado que el mayor problema que afecta a las escuelas es el control burocrático (Spring, 1997). Muchos de ellos abrazan el concepto de libre mercado, rechazando, no obstante, la idea de abandonar totalmente el control en el plano social y moral.
La tendencia a usar dinero público para la educación privada está creciendo. La Legislatura del Estado de Florida acaba de aprobar el primer programa de bonos del país que comprenda a todo un estado. En 1997, la Legislatura del Estado de Arizona sancionó una reglamentación de crédito en las tasas que otorga crédito en los impuestos a los contribuyentes en programas de becas para concurrir a escuelas privadas. Ese crédito no incluye bonos en el sentido de los anteriores, pero sí beneficia a los estudiantes que asisten a escuelas religiosas, y por supuesto, a esas escuelas.
2.2.2. Algunas conclusiones de estudios de investigación
La literatura reciente no muestra que el sistema de bonos favorezca precisamente una educación mejor y más equitativa para todos los niños. Las conclusiones de uno de los estudios más importantes realizados sobre programas de bonos en los Estados Unidos (Witte,1998), analizó los cinco primeros años de la experiencia de Milwaukee. Inicialmente el programa no autorizaba su uso para concurrir a escuelas confesionales; estaba orientado sólo a alumnos de escuelas públicas y limitaba el número de estudiantes con bonos por escuela. En 1995 la ley fue modificada, permitiendo entrar a las escuelas religiosas, incluyendo a estudiantes de escuelas privadas y anulando la restricción de la cifra de alumnos en una escuela.
La inscripción en el programa de bonos creció a lo largo de los cinco años de forma lenta, si bien constante, sin alcanzar nunca el número máximo de estudiantes que la ley permitía. El perfil demográfico de la matrícula era de familias muy pobres, la mayoría negras e hispanas, con un promedio de dos hijos por familia. Los padres mostraban superior nivel de educación, más compromiso con la escuela y un mayor grado de insatisfacción con la escuela anterior que los padres que no formaban parte del programa. La interpretación que Witte hace de esto es «que el programa está privando a las escuelas públicas de familias que tienen padres más educados y que están comprometidos activamente en la educación de sus hijos, es decir, el tipo de padres que potencialmente podría colaborar con los esfuerzos de mejoramiento» (p. 236-237). Los alumnos que usaban bonos tuvieron calificaciones y tasas (altas) de abandono similares a los de las escuelas públicas de la ciudad. Como ya hemos mencionado, varios estudios en otros países, como Inglaterra, Gales, Suecia, Australia y Nueva Zelanda, son insistentes en afirmar que los resultados de este modelo fueron el aumento de la segregación y de la diferenciación y de la redistribución negativa de los recursos para los que más lo necesitan.
2.3. El debate en los Estados Unidos
La posición de la Asociación Nacional de Padres y Maestros (PTA, 1997) sobre la elección de escuela consiste en defender los derechos de todos los niños y el mejoramiento de la educación pública. Apoyan «las elecciones educacionales dentro de las escuelas públicas» y algunos principios tales como que la escuela brinde información apropiada a los padres, transporte gratis a los estudiantes, procesos de admisión justos y abiertos, conducta no discriminatoria, y que los fondos públicos sean sólo para las escuelas públicas.
Sin embargo, de acuerdo con algunos autores (Murphy, 1999; Murphy et al., 1998), la elección de escuela dentro del sector público es una de las iniciativas que se orienta a introducir las fuerzas del mercado dentro del sistema, ya que los contratos constituyen un grado de privatización de la escuela pública. Los padres no participan como ciudadanos o miembros de comunidades sino como consumidores; por lo tanto, las soluciones se ubican en la esfera económica y no en la política.
Los informes de los think tank conservadores, como la Heritage Foundation, por ejemplo, utilizan conceptos significativamente progresistas para su propaganda, tales como libertad y ayuda a los estudiantes pobres, agitando al mismo tiempo la crisis de la escuela pública. Otro aspecto seductor de sus proclamas es la participación de los padres en las decisiones para el mejoramiento de la calidad educativa. Nos vamos a detener en el análisis de estos argumentos para mostrar los usos e interpretaciones que su ambigüedad encierra.
Mientras que los defensores de la elección de escuela tienden a presentar su posición dentro de un paradigma de participación democrática de los padres, su enfoque de la participación orientada hacia el mercado es, en algún sentido, parte de lo que Plank y Boyd (1994) denominan el abandono de la democracia. Estos autores afirman que el poco valor dado al gobierno democrático por una amplia variedad de académicos, analistas políticos y activistas de la educación, ha llevado a un espíritu de antipolítica, haciendo pensar que ciertas alternativas institucionales son más procedentes que la participación política directa para el logro de objetivos sociales más amplios, como excelencia y equidad4. Esta desconfianza de los profesionales de la educación hacia la politización de los asuntos educacionales tiene una larga historia. Su más reciente manifestación se articula en el libro de Chubb y Moe, Politics, Markets, and America’s Schools (Política, mercados y escuelas en Norteamérica, citado por Plank y Boyd, 1994):
La causa básica de la falta de efectividad en el funcionamiento de las escuelas públicas a lo largo del país es su subordinación a la autoridad pública . . . Los problemas fundamentales de las escuelas tienen sus raíces en las instituciones de control democrático que las gobiernan (p. 267).
De acuerdo con los conservadores, el aspecto negativo de la participación bajo la forma de consejos de distrito o de escuela es su inherente inefectividad, siendo preferible poder elegir en un cuasimercado que tener voz en un ambiente politizado. Incluso los progresistas dudan en promover la participación en sus formas más radicales. Por ejemplo, en tanto los investigadores de la Asociación Nacional de Educación (NEA) promueven el gobierno compartido y la inclusión de los padres porque eso favorece la efectividad de la escuela y la legitimidad institucional, su apoyo a la participación es sólo hasta donde ella se asocia fuertemente con la calidad y con la satisfacción en el trabajo, basándose en la literatura sobre control estadístico de los productos y sobre administración de calidad promovida por las corporaciones (Verdugo, Henderson, Uribe y Schneider, 1997; Henderson, Geenberg, Schneider, Uribe y Verdugo, 1996)5.
Si bien la literatura sobre elección de escuela es demasiado extensa para revisarla aquí, para el propósito de repensar la participación es importante entender las diferencias fundamentales entre participación como consumismo y participación como ciudadanía. En tanto las metáforas son útiles porque expresan en qué sentido algunas cosas son parecidas o diferentes, muy a menudo los educadores pierden de vista el uso metafórico de ciertos términos. Se ha puesto de moda entre los administradores de la educación y de los docentes referirse a sus estudiantes y comunidades como a sus clientes, sin especificar los sentidos en que estudiantes y comunidades son clientes y los sentidos en que no lo son. Esta falta de atención a la naturaleza de la metáfora tiene consecuencias negativas para las escuelas, oscureciendo distinciones importantes entre la esfera social pública y la privada y abriéndolas a los peores excesos de la explotación empresarial (Molnar, 1996). Más aún, al entender la participación como la elección racional de los padres para sus hijos, se supone que sólo aquéllos que tienen un interés directo en la escuela (por ejemplo, los padres con niños que concurren a la escuela local) pueden participar. Esto limita el concepto de escolarización al equivalente de un producto de consumo más que a una institución social responsable de objetivos sociales más amplios que deben servir a una extensa comunidad de ciudadanos.
La discusión sobre la elección de escuela está estrechamente ligada a la del rol de los ciudadanos en una sociedad democrática. Demócratas liberales como John Stuart Mill han definido al individuo como autónomo y plenamente desarrollado, suponiendo que éste entra en una situación de elección con objetivos constituidos externamente. Por otra parte, demócratas críticos responderían que los individuos y sus objetivos están, de hecho, constituidos a través de procesos reales de participación y deliberación.
Aun cuando favorecieron instituciones liberales —mercados y urnas de votos— y son apreciadas por sintonizar sensiblemente con los deseos de los consumidores y ciudadanos y por expresarlos, su sensibilidad fracasa en un área más central del control personal, esto es, las elecciones fallan al querer determinar cómo pueden los individuos desarrollar sus preferencias, su capacidad de participación social y sus habilidades para tomar decisiones adecuadas. El liberalismo sostiene que el mercado y el voto permiten a la gente obtener lo que quiere. Pero el liberalismo no dice cómo puede llegar la gente a ser lo que quiere ser, y cómo llega a querer lo que quiere querer (Bowles y Gintis, 1986, p. 125).
Los demócratas críticos afirman que la participación democrática se justifica con base en que es educativa y en que brinda un proceso de desarrollo en el que los actores sociales se vuelven más conscientes de sus elecciones y de sus propios intereses. Mientras que los teóricos de una elección más lógica ven a la gente como actora racional en el mercado, los demócratas críticos sostienen que considerar a los actores sociales como meros consumidores pasivos no favorece el tipo de aprendizaje que brinda la participación democrática en tanto ciudadanos. Identificar a los actores sociales con consumidores es no tomar en cuenta la perspectiva de que «las preferencias existentes [de una persona] se deben distinguir de lo que podríamos llamar preferencias potenciales, juicios progresistas o intereses fundamentales» (Gastil, 1993).
Desde hace cierto tiempo algunos defensores de la democracia participativa han reconocido la utilidad de la noción de elección como una forma de revitalizar la educación pública (Henig, 1994; Meier, 1995; Raywid, 1994). Estos autores se apoyan en la tradición progresista de escuelas alternativas y en el desafío que ellas representaron para la escolarización tradicional y las desigualdades, pero también tienen claro que la elección dentro del sector público es una herramienta en contra de la privatización y, de este modo, se trata de un intento de mantener una esfera pública vital y democrática.
Lo que debemos hacer es modelar el concepto de elección como un instrumento consciente y equitativo para reestructurar la educación pública, de tal modo que con el tiempo todos los padres puedan tener el mismo tipo de elección que unos pocos favorecidos tienen actualmente, pero de manera que contribuya a los objetivos públicos en lugar de desvalorizarlos (Meier, 1995, p. 92).
Henig (1994) agrega a esto la idea de que el verdadero peligro de las propuestas de elección basadas en el modelo de mercado no es que puedan permitir que algunos estudiantes concurran a escuelas privadas a expensas de los fondos públicos, sino que esto «erosionará los foros públicos en los que se toman democráticamente las decisiones que tienen consecuencias sociales» (p. 200). Así, mientras los defensores de la elección de escuela a menudo sostienen que poner recursos y, por lo tanto, elección real en las manos de los padres, representa la forma más radical de participación, su enfoque de intervención carece de una teoría de la ciudadanía en una sociedad democrática.
Tal vez los argumentos más persuasivos con respecto a la elección de escuela con participación de los padres son los que se difunden como una manera de dar más poder a los padres cuyos hijos concurren a las escuelas pobres urbanas para lograr una educación de mayor calidad para sus hijos. Los defensores de estos argumentos muestran la hipocresía de los padres blancos de clase media, que critican los planes de bonos para familias pobres en tanto usan sus recursos para obtener opciones para sus propios niños (Fuller, 1997). Partiendo de entrevistas con madres blancas de clase media, Brantlinger et al. (1996) demuestra cómo discursos políticamente progresistas a menudo se usan como una forma de protección de los propios intereses cuando se trata de la escuela de sus hijos. En tanto reconocen estas cuestiones, Parker y Margonis (1996) afirman que los planes de elección subestiman la complejidad de los procesos de toma de decisiones que envuelven a grupos de minorías o de pobres urbanos. Resultan muy relevantes los patrones de prácticas urbanas de control racial y socioeconómico que ellos documentan (segregación habitacional, ocupacional y escolar tanto como discriminación en el acceso a la vivienda y el empleo) y su devastante impacto en personas de color en áreas urbanas económicamente deprimidas. Los autores argumentan que las respuestas a esta situación, que están orientadas al mercado, no constituyen una ruptura con las políticas racistas del pasado, sino que son consistentes con la falta de un compromiso nacional en relación con estos problemas. A la luz de la era política conservadora de Reagan-Bush de desmantelamiento de la ayuda federal a las ciudades, Parker y Margonis (1996) ven la elección de escuela como una solución simplista que ignora las restricciones estructurales que afrontan los residentes de las zonas urbanas pobres.
De acuerdo con Peters (1996), el movimiento por la elección de escuela es una manifestación de cambio hacia lo que los postestructuralistas llaman una nueva narrativa maestra(Lyotard, 1984); una historia totalizadora y unificadora que legitima una cultura empresarial, que frente a la competencia económica internacional pretende reestructurar las instituciones en términos comerciales. Peters (1996) describe una estrategia por debajo de esa narrativa maestra:
La educación es un sector clave para promover la ventaja económica competitiva nacional y la prosperidad futura del país. En el pasado ha habido mucho más énfasis en objetivos sociales y culturales y un insuficiente énfasis en los objetivos económicos de los sistemas educativos. De ahora en adelante debemos invertir fuertemente en educación como base para el futuro crecimiento económico mediante el rediseño del sistema, de modo que satisfaga las necesidades de los negocios y de la industria. El imperativo económico es el principal (p. 89).
Si bien la teoría del capital humano no es nueva en sí misma, la cultura empresarial ha invadido la esfera pública, insistiendo en ver a las escuelas como no diferentes de las empresas comerciales, y, por lo tanto, operando bajo los mismos principios consumistas (Whitty, 1997).
Por otra parte, el uso de los términos libertad y participación que hacen los defensores del modelo de mercado resultan engañosos, porque «ofrecen la promesa de poder y obstruyen la relación entre el beneficio deseado y los recursos necesarios para obtenerlo» (Munín, 1999, p. 24). Dado que el acceso al consumo no es libre sino limitado a los recursos disponibles, la adopción del modelo de mercado en educación está en contradicción con los principios democráticos de equidad y universalidad que implica la noción de educación como un bien público. Intereses políticos y económicos muy fuertes se están erigiendo en problemas educacionales como parte de su ataque al Estado en general y al sistema educativo público en particular, como uno de los últimos restos del estado de bienestar.
3. Implicaciones para América Latina
Las políticas de apertura económica, de ajuste presupuestario y de empequeñecimiento del Estado que se desarrollaron en América Latina como parte de la agenda conservadora de los ochenta —si bien en Chile y Argentina comenzaron antes—, tuvieron como principales estrategias el recorte del gasto público, la desregulación y las privatizaciones (Gamarra, 1994). Estas medidas fueron tomadas en nombre del mejoramiento de los servicios y de la eficiencia en la administración, y en contra del monopolio del Estado burocrático, argumentos similares a los que se utilizan para defender la mercantilización de las escuelas. Sin embargo, un repaso rápido de los efectos más visibles que tuvieron las estrategias mencionadas muestra claramente que estas soluciones creadas en los países centrales para el «tercer mundo» o para «los países en desarrollo» sin tener en cuenta las historias, culturas y peculiaridades, terminan siendo, en el mejor de los casos, un mal negocio para la gente, y, en el peor, un retroceso en el que las pérdidas sociales y humanas es irrecuperable (ej: privatización de servicios públicos).
Según Coraggio, la lógica de las actuales políticas sociales del Banco Mundial (Coraggio y Torres, 1997) que dan marco a las políticas educativas, puede interpretarse en tres sentidos principales: 1) para «continuar el proceso de desarrollo humano»; 2) para «compensar coyunturalmente los efectos de la revolución tecnológica y económica que caracteriza a la globalización»; y 3) para «instrumentar la política económica» (p. 14-15). A pesar de que este autor tiene una visión optimista acerca de las posibilidades de operar individual o sectorialmente dentro de las contradicciones y limitaciones de esa realidad, no cabe duda de que el conservadurismo tiene una «avasalladora iniciativa» en el discurso dominante de la que las fuerzas que podrían oponerse carecen, actuando de forma débil y defensiva.
A pesar de que el impacto de las políticas neoconservadoras ha sido negativo en múltiples ámbitos de la vida social y económica, similares propuestas para la educación mantienen —o renuevan— su vigor. Junto con las recomendaciones de las agencias internacionales y de los bancos para la economía, recetas semejantes con parecidos fundamentos se difundieron para los sistemas educativos: descentralización, sistemas de evaluación, énfasis en la educación básica, habilidades para el trabajo y eficiencia como principales criterios en el manejo de los fondos. La descentralización fue una de las más difundidas en la mayor parte de los países, bien a través de la municipalización o de la federalización. La mayor parte de los investigadores está de acuerdo en que una consecuencia de la descentralización, en gran parte de los países de la región, fue el aumento de la desigualdad, ya que se dieron servicios educativos con insuficiente o nula transferencia de fondos a distritos y estados con muy diferenciada capacidad de absorberlos y sostenerlos (Arnove, 1997; Munín, 1998; Tiramonti, 1998). Los efectos más relevantes fueron: desinversión en infraestructura y equipamiento; disminución de los salarios docentes; aumento de las tareas asistenciales en la escuela; dificultades de los gobiernos provinciales para afrontar las necesidades de las escuelas; y menor exigencia sobre la calidad de la enseñanza (Pini y Cigliutti, 1999). De hecho, las condiciones y posibilidades de enseñanza y aprendizaje en las escuelas de los distritos pobres empeoraron. Este efecto negativo no se compensó con un aumento de la democracia o de la participación en las comunidades, ya que en general cada sistema local mantuvo las características jerárquicas de sus orígenes.
La propuesta básica actual del Banco Mundial para el sistema educativo es minimizar la gratuidad y adoptar lo más posible el modelo de mercado (Coraggio y Torres, 1997). El correlato de las tendencias o corrientes a favor del mercado en educación, en los Estados Unidos, lo encontramos en las recomendaciones para los países «en desarrollo», que se enmarcan dentro de la subsidiariedad del Estado o el financiamiento basado en la demanda. Esta idea no es nueva, como casi ninguna de estas propuestas lo es, pero lo nuevo es que entra en las agendas de los bancos e instituciones de desarrollo internacionales, y, tarde o temprano, se convierten en «lo que hay que hacer» en América Latina. En estrecha relación con los movimientos que describimos por la elección de escuela y por la introducción del mercado en educación, encontramos que el Banco Mundial propone el financiamiento de la demanda como una tendencia del desarrollo (Patrinos y Ariasingam, 1998 en español; 1997 en inglés), y en Argentina y otros países de América Latina ya se está implementando y escribiendo sobre eso (Filmus, 1998; Llach, 1997).
Patrinos y Ariasingam (1998) definen el financiamiento basado en la demanda como «la canalización directa de fondos públicos a personas, instituciones y comunidades en función de la demanda expresada». Éste «constituye una opción pragmática para la introducción de reformas necesarias, teniendo presentes las necesidades locales y los recursos disponibles» (p. v). Entre los múltiples mecanismos descritos como parte de esta estrategia se encuentran los bonos escolares, dentro de un conjunto ecléctico que va desde las becas o las donaciones hasta la organización de la comunidad y el trabajo voluntario. Algunos de estos mecanismos se basan en la movilización de recursos de las comunidades, y todos en la información de que disponen los interesados para construir y expresar su demanda.
No dudamos de que las comunidades pueden potenciar en gran medida sus recursos, pero esto difícilmente puede llegar a satisfacer las necesidades de los más desfavorecidos si no aumentan el nivel de empleo y el gasto social. La información y su posibilidad de utilización tampoco están equitativamente distribuidas en la sociedad, con lo cual la capacidad de demanda es prácticamente inexistente para los sectores más pobres, en tanto para los medios y altos es parte de su capital cultural. Más que contribuir al desarrollo, y especialmente al mejoramiento de oportunidades, este tipo de mecanismos tiende a mantener o a empeorar las situaciones de inequidad en educación, porque bajo la apariencia de que los recursos se utilizan de manera más eficiente y de que las comunidades tienen más protagonismo, se siguen distribuyendo de manera regresiva. Muchos de los argumentos y de las conclusiones de investigaciones que fundamentan la oposición a la elección y a los bonos escolares en los Estados Unidos, que fueron suficientemente expuestos, resultan aún más válidos para América Latina.
Este tipo de propuestas economicistas, además de considerarse universalmente útiles e ignorar todo contexto, desconocen la complejidad de los aspectos y relaciones implicados en el proceso educativo en sus distintas dimensiones. Pero, lo que es peor, desprecian los graves riesgos que encierran para nuestro crecimiento democrático las políticas que siguen girando alrededor de las necesidades de la economía y no de las necesidades sociales, tendiendo a segmentar más que a fortalecer y a segregar más que a integrar el ya castigado tejido social.
4. Reflexiones finales
El problema principal de la libertad que defienden los neoliberales, desde nuestro punto de vista, es que aquella, al igual que todos los demás bienes y derechos, no tiene una distribución equitativa en la sociedad, a menos que se complemente con el concepto de justicia, que no figura en el glosario neoconservador. La consecuencia concreta de tales prédicas y prácticas, en la mayoría de los países en las que penetraron, es el aumento de la desigualdad. La profundización en estos procesos fragiliza y deslegitima gradualmente la democracia, reduciendo cada vez más las opciones y esperanzas de muchos y aumentando el número de los que ven la violencia individual como su única alternativa.
En los Estados Unidos la polémica entre los que están a favor y en contra de la privatización es fuerte, pero hay acuerdo en que para mejorar la educación el Estado tiene que reforzar el financiamiento y en que los docentes son la «fuerza» del mejoramiento. Con respecto a las escuelas charter, algunas brindan mejores condiciones de aprendizaje y de oportunidades para aprender a los alumnos desaventajados, pero la mayoría de las escuelas públicas podría trabajar mejor en condiciones similares. Los resultados muestran hasta ahora que la tendencia es hacia una mayor estratificación y privatización. Desde la perspectiva de la democracia y la equidad podríamos preguntarnos si es correcto que se use más dinero del Estado para promover mejores escuelas para algunos en lugar de desarrollar seriamente condiciones superables de enseñanza y aprendizaje para todos, y si es conveniente que fondos públicos financien lucrativos negocios en educación. En la práctica, la constitución de la escuela como una institución de mercado es una forma de controlarla mediante las corporaciones privadas.
Con respecto a los bonos escolares, diferentes estudios sobre programas de elección de escuela que permiten a los alumnos asistir a escuelas privadas usando fondos públicos llegan a conclusiones similares. Los resultados de estos programas son la segregación y el aumento de la estratificación social, el drenaje de recursos desde escuelas públicas ya empobrecidas hacia escuelas privadas, con frecuencia religiosas, y la conversión de la educación en un negocio. No hay evidencias suficientes de mejora en el rendimiento de los alumnos desaventajados que justifiquen la insistencia en los beneficios para la gente por parte de los defensores de los programas de bonos. Estos programas no son el camino para mejorar la educación y tienen consecuencias sociales negativas.
En los Estados Unidos la mercantilización es todavía una tendencia, pero hay fuerzas potentes que luchan por aumentar su influencia. El argumento de que los bonos escolares pueden ayudar a los estudiantes pobres y promover la libertad de los padres descansa en el modelo de mercado para corregir problemas sociales, en lugar de buscar soluciones políticas. Esta clase de respuestas ha tenido similares consecuencias en educación a las que tuvieron las políticas de desregulación promovidas por los neoliberales en otras áreas sociales desde los ochenta (por ejemplo, en salud y previsión: el aumento de la polarización social).
Siguiendo a algunos de los autores citados (Labaree, 1997; Popkewitz, 1997), es necesario considerar los fundamentos de este debate en sus más profundas diferencias filosóficas e ideológicas relacionadas con los conceptos de democracia y equidad. En el discurso de elección de escuela, los principios políticos de la ciudadanía y de la democracia han sido reemplazados por conceptos económicos como eficiencia, competencia, libertad de consumo y contrato. Estas características pueden ser apropiadas para el mundo de los negocios, pero no sirven como valores para educar ciudadanos. En tales definiciones el ciudadano se convierte en consumidor, aislado de su comunidad. La educación, como un bien público, es inclusiva y proporciona beneficios sociales compartidos, en tanto como bien privado es exclusiva y brinda beneficios individuales selectivos. Si la educación se vuelve un bien privado para satisfacer a consumidores individuales y a empresarios, el individualismo y la competencia serán los únicos valores posibles, con el consiguiente retroceso del principio de equidad. En los Estados Unidos aumentará el número de estudiantes segregados y excluidos, y eso erosionará la democracia. En América Latina las mayorías serán segregadas y excluidas, y la democracia, ya frágil, será difícil de construir y sostener.
En tanto los principios consumistas orientados hacia el mercado amenazan con reemplazar los de la participación democrática, es crucial la búsqueda de otro tipo de alternativas, tales como formas de participación auténtica (Anderson, 1998), para constituir ciudadanos más activos y comprometidos que puedan llevar a la constitución de una sociedad más democrática y socialmente justa.

miércoles, 5 de marzo de 2014

El método de casos como estrategia de enseñanza


El método de casos como estrategia de enseñanza

Susana Avolio de Cols 

1. La enseñanza por método de casos constituye una de las estrategias de aprendizaje activo
La enseñanza por medio del estudio de casos es una de las estrategias que se pueden incluir dentro de los 'métodos activos' (o 'participativos') que pretenden superar las limitaciones de los denominados 'métodos tradicionales', caracterizados por la unidireccionalidad en la transmisión de conocimientos desde el docente a los cursantes.
Los 'métodos activos' constituyen un valioso recurso didáctico, promueven que el alumno asuma un rol activo y comprometido durante el proceso , aplique los conceptos y, técnicas aprendidas, en situaciones análogas a las que hallará en la realidad; desarrollando, asimismo, capacidades analíticas, hábitos de trabajo en equipo y, habilidades para la comunicación, de este modo contribuyen a la consolidación de los conocimientos aprendidos.
Por otra parte, mediante la aplicación sistemática de los 'métodos activos', puede evaluarse más integralmente el desempeño de los cursantes en cuanto a conocimientos, actitudes, capacidades ;- habilidades; la participación individual, la calidad de los aportes, y, las aptitudes para la interacción social.
Para que pueda concretarse el potencial latente en los 'métodos activos' es necesario que éstos sean aplicados en forma sistemática (obviamente) metódica durante el proceso de enseñanza . Lo metódico' sería lo contrario a un uso esporádico, aislado o relativamente improvisado.
Por otra parte, como todo método su valor estará determinado por los objetivos propuestos. El hecho de no tener claridad ni precisión sobre los cambios que se desea inducir en los cursantes a través de una determinada actividad de formación o capacitación afecta notablemente todos los aspectos del proceso de enseñanza- aprendizaje, desde el planeamiento hasta la evaluación.
Se considera que este tipo de métodos constituyen estrategias adecuadas para formar a los profesionales de hoy en el proceso de toma de decisiones.
Vulovic analiza el valor de los métodos activos en relación con los siete aspectos del proceso de toma de decisiones
Las técnicas del 'aprendizaje activo' contempladas en el análisis son las siguientes:
a) Prácticas,
b) Desempeño de roles (dramatización, 'role playing'),
c) Casos de estudio;
d) Simulaciones decisorias
e) Técnica del 'Incidente'-,
f) Proyectos grupales.
Considera que las siete capacidades básicas (factores de análisis) del proceso de adopción de decisiones, son:
a) observación;
b) selección de datos pertinentes;
c) diagnóstico de problemas;
d) formulación de soluciones;
e) adopción de decisiones;
f) comunicación;
g) motivación.
Los distintos métodos activos son válidos para desarrollar algunas de las capacidades mencionadas.
La metodología de casos es especialmente apta para desarrollar en los futuros profesionales la capacidad de diagnóstico de problemas, adopción de decisiones y formulación de soluciones.
2. En qué consiste la enseñanza basada en casos
La metodología de enseñanza basada en casos introduce un aspecto de la realidad en el aula con el objeto de que los alumnos lo analicen , reflexionen y puedan extraer conclusiones. Presenta una réplica de situaciones problemáticas de la realidad, de manera que los cursantes, proyectándose en tales situaciones, desarrollen su capacidad de: análisis para identificar problemas, apreciar su relevancia, reunir, ordenar, relacionar e interpretar sus antecedentes , determinar posibles soluciones, ventajas y desventajas de cada alternativa
Su empleo está ampliamente difundido para la formación y capacitación profesional , en los últimos años se ha comenzado a usar para la formación general en los distintos niveles educativos.
Aunque la enseñanza basada en de casos admite
variaciones, hay ciertos principios básicos y condiciones que se deben cumplir en el aula para una buena aplicación del método.
2.1. Casos
El centro de esta metodología es el empleo de una herramienta educativa llamada “caso”.
El caso es una descripción dinámica y exacta de una situación analítica o decisoria, que enfrenta una persona concreta en un momento determinado en una situación real.
La escenificación se interrumpe deliberadamente en el momento preciso es que se debe arbitrar una solución o adoptar una decisión , permitiendo que los alumnos asuman un rol protagónico en la situación.
Es una situación preparada cuidadosamente para lograr el desarrollo de determinadas capacidades, en especial de análisis y toma de decisiones.
Los casos son instrumentos educativos complejos que revisten la forma de narrativas. Un caso incluye información y datos: psicológicos, sociológicos, científicos, antropológicos, históricos y de observación, además de material técnico. Aunque los casos se centran en áreas temáticas especificas, por ejemplo historia, pediatría, gobierno, derecho, negocios, educación, psicología, desarrollo infantil, enfermería, etc., son por naturaleza, interdisciplinarios.
Los buenos casos se construyen en torno de problemas o de «grandes ideas»', 'Puntos importantes de una asignatura que merecen un examen a fondo.
Por lo general, las narrativas se basan en problemas de la vida real que se presentan a personas reales:
«Un buen caso es el vehículo por medio del cual se lleva al aula un trozo de realidad a fin de que los alumnos y el profesor lo examinen minuciosamente. Un buen caso mantiene centrada la discusión en alguno de los hechos con los que uno debe enfrentarse en ciertas situaciones de la vida real. [Un buen caso] es el ancla de la especulación académica; es el registro de situaciones complejas que deben ser literalmente desmontadas y vueltas a armar para la expresión de actitudes y modos de pensar que se exponen en el aula» (Lawrence, 1953, pág. 215).
2.2. Preguntas críticas
Al final de cada caso hay una lista de «preguntas críticas», es decir, tales que obligan a los alumnos a examinar ideas importantes, nociones y problemas relacionados con el caso. Estas preguntas, por la forma en que están redactadas, requieren de los alumnos una reflexión inteligente sobre los problemas, y esto las diferencia enormemente de las preguntas que obligan a recordar una información sobre hechos y producir respuestas específicas. La redacción de
buenas preguntas para el estudio, no menos que la redacción de buenos casos, es un arte. Lo que se busca con las preguntas críticas no es que los alumnos lleguen a conocer algunos fragmentos de información sobre los hechos, sino que apliquen sus conocimientos cuando examinan ideas. Su objetivo es promover la comprensión., Requieren que los estudiantes apliquen lo que saben cuando analizan datos y cuando proponen soluciones más que limitarse al recuerdo de nombres, fechas, descripciones o lemas.
Preguntas como «¿Cuál es para usted la explicación de esa conducta?, ¿Qué hipótesis sugerirías, demandan a los alumnos que generen hipótesis basadas en su lectura de la obra y en el modo como procesaron la información. En cambio si se pide que mencionen «las tres razones que explican la conducta de Lady Macbeth», se les indica implícitamente que deben nombrar las razones que el profesor ha determinado que son las «correctas». La diferencia en la calidad del pensamiento que se requiere para responder a uno y otro tipo de preguntas hace que en ocasiones se las denomine «preguntas de orden superior» y preguntas de orden inferior».
2.3. Tipos de casos
Los casos se pueden clasificar de acuerdo con distintos criterios. Las tipologías más difundidas son:
2. 3. l.) De acuerdo con su propósito
Reynolds (1985) clasifica a los casos, de acuerdo con su propósito, en las siguientes categorías:
a) Casos-problema o casos-decisión; que tienen como propósito desarrollar capacidades relacionadas con determinados aspectos de la resolución de problemas y/o la adopción de decisiones,
b) Casos-evaluación; que tienen como propósito
desarrollar capacidades relacionadas con la evaluación de situaciones.
e) Casos ilustración; que tienen como propósito ilustrar determinadas situaciones en forma individual o comparativa.
2.3.2) De acuerdo con su configuración- complejidad
Desde la introducción de la técnica, se fueron difundiendo distintas configuraciones de 'casos', que se pueden diferenciar en función de su estructura y extensión .
En cuanto a la estructura pueden variar en relación con:
- variedad y complejidad de las variables que se incluyen en el caso
- grado de incertidumbre sobre los distintos caminos que se pueden adoptar para el análisis del caso.
- Número de soluciones posibles y viables
De acuerdo con estas características los casos se pueden clasificar en abiertos y cerrados. Los primeros se refieren a situaciones complejas y los cerrados a situaciones más específicas.
En cuanto a la extensión podemos mencionar casos extensos y breves . Las dos características suelen combinarse los casos complejos son más extensos y los más específicos son breves.
La mayor complejidad y extensión incidirá en el tipo de capacidades que se desarrollarán, por ejemplo, los casos abiertos permiten una mayor originalidad en el análisis y decisiones que los más específicos que llevan a soluciones derivadas directamente de la información que proporciona el caso.
Meissner (1965), agrupa a los casos en tres categorías de complejidad creciente cuyas características son las siguientes:
a) El caso tipo problema
Se trata de una presentación breve de hechos o datos de una situación o un problema para los que existe una única solución o respuesta correcta. En éstos se suele plantear un problema central, proveyendo elementos para analizar sus causas y efectos, las alternativas de acción y determinar la mejor solución (generalmente predeterminada).
Estos 'casos', cercanos a ejercicios, permiten ejercitar instrumentos analíticos, generar un vocabulario o código común, e inducir confianza en los cursantes para que puedan afrontar luego casos más arduos.
Las principales ventajas de este tipo de casos residen en que pueden elaborarse en un tiempo relativamente breve, son de fácil manejo por los docentes, son de fácil comprensión por los cursantes, permiten identificar fácilmente los problemas, así como volcar en su resolución los conocimientos adquiridos y, la propia experiencia.
b) el caso tipo MIT
Se llama así pues se aplicó en el Instituto Tecnológico de Massachusetts
Presenta una situación relativamente compleja en la que los participantes pueden desarrollar más de una solución aceptable. Los proponentes de una solución pueden interrogar y cuestionar a los que proponen soluciones distintas así como requerir información adicional para determinar la solución. La enseñanza concluye con el debate colectivo entre las dos o tres soluciones consideradas aceptables para seleccionar la que se considera más adecuada.
c) El caso tipo Harvard
Se trata de una descripción (generalmente extensa) de una determinada situación problemática, en la que en primer lugar el grupo en forma individual o grupal realiza un diagnóstico de la situación y sobre esa base propone, analiza y selecciona las soluciones posibles.
Usualmente implica una combinación compleja de conceptos, así como abundante información que no siempre es relevante, clara o suficiente.
Permite al cursante seleccionar v ordenar datos, vincular hechos , comportamientos, establecer relaciones causa efecto, identificar problemas, establecer opciones de solución, ponderar los méritos relativos, analizar la factibilidad de diversas soluciones posibles, así como contemplar distintos puntos de vista.
También permite redescubrir. que hay tendencias y experiencias personales que influyen en la forma de percibir situaciones, de reflexionar sobre ellas y de llegar a conclusiones. De tal manera, docentes y cursantes avanzan juntos en la tarea comparada de comprender el proceso que se está analizando y, de aprender de la experiencia de cada uno.
Por supuesto, no existe un tipo ideal de caso todos ofrecen posibilidades propias que se pueden priorizar en función de los objetivos didácticos perseguidos.
2. 3.3.) De acuerdo con su origen
De acuerdo con su origen, los casos pueden agruparse en reales y, artificiales.
Se denomina casos reales a aquellos que parten de una situación realmente acontecida en un ámbito social existente, mientras que los artificiales , son aquellos diseñados a partir del objetivo docente perseguido, incorporándoles los, argumentos e ingredientes necesarios para una presentación coherente y creíble.
Si bien los casos artificiales ofrecen facilidades en su elaboración y aplicación, pueden conducir a respuestas estandarizadas y/o previsibles,, que, en lugar de desarrollar la capacidad de indagación y pensamiento creativo , induzcan respuestas dadas ya implícitamente por el redactor o el docente
2.3.4. ) de acuerdo con la modalidad de presentación los casos pueden consistir en informes escritos, sesiones de audio o video, testimonios orales
2.4. CARACTERÍSTICAS DE LOS CASOS
La narrativa mediante la que se presentan los casos tiene algunas características que la distinguen :
Los casos se centran en sucesos importantes.
Los casos se elaboran sobre la base de cuestiones sustanciales. Por ejemplo, un caso sobre la creación de un jardín no promovería interés y reflexión , en cambio un caso sobre los habitantes de una ciudad que luchan por su derecho a usar un lote baldío del municipio para hacer en él un jardín vecinal implicaría problemas de mayor importancia.
Los casos intensifican la tensión entre puntos de vista conflictivos.
Dado que requieren el examen de problemas complejos, la historia que se relata en los casos debe tener muchas facetas. Los buenos casos dramatizan esas tensiones a fin de estimular a los lectores para que discutan sobre aquellos. En el caso «¿Qué puedo hacer para cambiar las cosas?» (Wassermann, 1993a), un maestro que enseña en una escuela de un barrio pobre entra en conflicto con sus valores, mientras su mejor amigo le aconseja «dejar la escuela de barrio y dirigirse a los suburbios», donde la vida de los maestros es más confortable.
Un buen caso no es nunca un editorial que defiende un punto de vista determinado ni tampoco una argumentación en apoyo de «la manera correcta de pensar».
Los casos deben escribirse teniendo en cuenta la necesidad de lograr que los lectores se interesen por los personajes.
Para que los lectores se interesen por los personajes, estos no deben ser meros estereotipos. Los protagonistas de un caso deben ser o parecer personajes reales, se los describe como seres complejos, con sus dificultades, con los sucesos que los afectan.
Los relatos de los casos deben ser creíbles. En algunos aspectos, los casos se asemejan más a un buen relato periodístico que a una obra de ficción. Dado que la cualidad más importante de un caso es su aptitud para promover la discusión sobre los problemas que presenta, el relato debe aproximarse más a la «realidad» que a la «ficción». Esta característica es lo que le permite atrapar la atención de los lectores, quienes pueden en consecuencia compenetrarse con la situación: «¡Esto podría ocurrirme a mi!». Tal identificación aumenta la pertinencia del caso para ellos.
Los casos concluyen con un dilema. Cuando el relato de un caso concluye, los problemas aún no han sido resueltos. El dilema queda pendiente. Esta cualidad de los casos de ser «inacabados» les confiere fuerza y es tal vez lo que explica por qué los buenos casos, incluso años después de haber sido leídos y discutidos, permanecen en nuestra memoria.
3. SECUENCIA EN EL DESARROLLO DEL MÉTODO DE ESTUDIO DE CASOS
Este método puede abarcar una o varias clases dependiendo de los objetivos y la complejidad del caso a analizar. En ambos casos la secuencia será similar, lo que variará será la duración de cada etapa y la posibilidad de trabajo individual fuera del aula.
La secuencia general de la aplicación del análisis de casos se inicia con una introducción conceptual del docente, seguida por el estudio individual del caso por parte de cada cursante; el análisis y discusión en grupos de trabajo, y finalmente -en plenario- el análisis conjunto, el resumen y las conclusiones generales del estudio.
1 PRESENTA CIÓN DEL MATERIAL DEL CASO
2 TRABAJO INDIVIDUAL O EN PEQUEÑOS GRUPOS (Hojas de trabajo individual y grupal)
3 DISCUSIÓN PRESENTACIÓN DEL TRABAJO DE LOS GRUPOS
4 SINTESIS PRESENTACIÓN DE INFORMES
Seguidamente se reseñan las características de cada uno de las instancias de la referida secuencia.
3. l.) Presentación del caso
La introducción del docente al estudio del caso es uno de los pasos esenciales para el éxito de la técnica. Si los cursantes carecen de marco de referencia y de instrucciones precisas para abordar el caso se podría dar un estado de confusión que obstaculizaría el aprendizaje.
En la introducción conceptual el docente debería motivar a los cursantes con relación a la tarea que van a desarrollar, explicándoles la naturaleza de la técnica de estudio de casos, sus posibilidades, lo que se espera de ellos en cada fase del proceso, una breve reseña de las principales características del caso por aplicar, el procedimiento que se va a seguir a través de la secuencia, el tiempo que se asignará a cada etapa y, fase, el material documental que pueden consultar, el sentido y la finalidad de la aplicación del caso dentro del programa, así como el nivel aceptable de desempeño con relación a los objetivos del trabajo individual y, grupal.
Tratará de que los conceptos centrales queden claros y, resolverá las eventuales dudas, de manera de asegurar que todos los cursantes dispongan de un marco de referencia común para el trabajo individual y grupal, así como de una idea clara del ¿qué?, ¿por qué?, ¿quiénes?, ¿cómo?, ¿cuándo?, y
¿hasta dónde? de las tareas que deberán realizar.
El docente estará profundamente interiorizado de las características de la técnica, del contenido del caso y de lo que se espera de los cursantes en cada fase de la técnica para poder transmitir con claridad y precisión la naturaleza y finalidad del trabajo que deben desarrollar los cursantes, así como para aclarar las dudas que eventualmente se puedan plantear.
En el caso de que los cursantes carezcan de experiencia en trabajo grupal, será conveniente además que el docente reseñe conceptos y orientaciones básicas sobre la organización de grupos de trabajo, los roles mínimos que deberían ejercerse, las características deseables para la eficacia del trabajo en grupos y las posibles interferencia,.
3. 2. Análisis del caso en forma individual y/o grupal
Si el caso abarca varias clases el análisis podrá realizarse en forma individual y grupal, de lo contrario sólo se empleará uno de las dos formas
3.2. 1. Trabajo individual
Esta etapa del estudio de casos debería permitir a cada cursante de acuerdo con su propia modalidad de estudio, analizar detenidamente el material (escrito, oral, audiovisual), de manera que pueda identificar la evidencia disponible y, detectar sus deficiencias, formarse su propia composición de lugar y, adquirir su propia visión de la naturaleza , alcance del problema planteado, del contexto en que está inserto, así como relacionar estos aspectos con sus propias experiencias personales.
Para ello los cursantes deberían recibir el texto del caso con suficiente tiempo para el estudio, la reflexión, la consulta del material documental pertinente, y la realización de las tareas individuales.
Si se omite o no se presta suficiente atención a esta etapa de trabajo individual, cabe esperar que algunos cursantes se queden atrás o que no comprendan el caso, con lo que no lograrán identificarse e integrarse realmente al trabajo
grupal. Se desvirtuaría así la participación igualitaria de los cursantes, que es uno de los principios de la técnica.
Para asegurar que todos los cursantes analicen individualmente el material antes de integrarse a los grupos de trabajo, es conveniente requerir la elaboración y presentación de Hojas de Trabajo individual que incluyan, por un lado, un breve resumen de la interpretación personal de la situación planteada y, por otro, la identificación preliminar de algunas opciones para encararla.
El alcance del trabajo por desarrollar en dichas Hojas lo establecerá el docente de acuerdo con lo que considere importante que los cursantes conozcan, estudien y analicen antes de integrarse a los grupos, o bien, de acuerdo a los aspectos que desee evaluar individualmente en los cursantes.
Las Hojas de Trabajo Individual deberían ser evaluadas y devueltas por el docente, señalando las observaciones y comentarios que estime necesarios.
3. 2.2. Trabajo en grupos
Una de las características de la enseñanza basada en el método de casos es la oportunidad que tienen los alumnos de discutir, reunidos en pequeños grupos, sus ideas, análisis, formas de encarar el caso y propuestas.
En esta etapa de la aplicación de la técnica de estudio de casos, se constituyen los grupos de análisis (compuestos por no más de 5 ó 6 cursantes) de acuerdo con los criterios que el docente estime más adecuados (por homogeneidad o por heterogeneidad formativa, por afinidades o diferencias personales, por afinidades o divergencias manifiestas en trabajos grupales previos, etc). Cada criterio puede presentar ventajas y desventajas que el docente ponderará en función de los objetivos.
En estas discusiones en pequeños grupos los alumnos examinan las cuestiones por primera vez. Allí ponen a prueba sus ideas con libertad y reflexionan sobre las cuestiones que plantea el caso. El trabajo en los grupos prepara a los alumnos para la discusión más exigente, que se producirá posteriormente con participación de toda la clase.
Según la organización que el profesor haya adoptado para la enseñanza los grupos de estudio pueden sesionar durante la clase o fuera del horario escolar. Ambos sistemas presentan ventajas y desventajas, la decisión deberá tomarse teniendo en cuenta que lo principal es que los alumnos que integran los grupos tengan la oportunidad de discutir los casos y las preguntas entre ellos antes de que se realice la discusión en que participa toda la clase.
Una de las ventajas de que la discusión se realice en la clase es que el docente puede obtener datos muy valiosos observando el funcionamiento de los grupos, puede conocer mejor la forma de pensar e interactuar de sus alumnos para proporcionarles una ayuda individualizada. La desventaja es que se deba destinar mucho tiempo de clase al trabajo en los pequeños grupos y esto puede restar horas a la discusión general, lo cual es más negativo .
Sea cual fuere el tiempo asignado a esta etapa y se realice durante la clase o fuera de ella, una vez asignados los cursantes a cada uno de los grupos, es conveniente que el docente, ante el plenario y previamente al funcionamiento de los grupos, comente algunos aspectos como:
a) criterios seguidos para formar los grupos,
b) caracterización del caso que será objeto de análisis,
c) naturaleza y alcance de las tareas a desarrollar por los grupos, tiempos disponibles y niveles aceptables de desempeño,
d) aclaración de dudas que puedan haber surgido en el análisis individual,
e) orientaciones para la organización y el funcionamiento de los grupos; roles mínimos necesarios (coordinador, secretario , relator), y
f) Posibilidades disponibles para la presentación de los resultados del análisis (medios gráficos visuales, audiovisuales, etc.).
Si la actividad grupal se realiza en presencia del docente es conveniente que este se acerque periódicamente a cada uno de los grupos con el propósito de observar cómo abordan la tarea, cómo asignan el tiempo disponible, cómo realizan el análisis, la calidad del trabajo que desarrollan y la contribución individual de los integrantes
Esta recorrida permite al docente observar los actitudes, capacidades y comportamientos que manifiestan los cursantes en situaciones grupales, lo que provee elementos de juicio para conocer mejor a cada cursante y mediante adecuados registros realizar una evaluación más completa del desempeño individual.
El docente podrá observar el funcionamiento de cada grupo:
¿Cómo actúa cada alumno dentro del grupo? ¿En qué medida se discuten inteligentemente las preguntas y las cuestiones? ¿Qué alumnos toman la iniciativa la mayor parte del tiempo? ¿A cuáles les cuesta decidirse a hablar, incluso en el contexto del pequeño grupo? ¿Quiénes tienden a dominar la discusión? ¿Quiénes se sienten demasiado ansiosos por estar de acuerdo con lo que otros han dicho, y poco dispuestos a expresar sus propias opiniones? ¿Qué grupos parecen tener prisa por liquidar las preguntas, se detienen sólo brevemente en cada una de ellas y reducen al mínimo el análisis a fondo? ¿Cuáles tienden a salirse del tema y a divagar sobre cuestiones personales anecdóticas?
Previamente a la finalización del tiempo asignado para el análisis grupal (unos quince minutos antes), es conveniente que el docente señale el tiempo aún disponible para resumir lo realizado hasta ese momento, con vistas a definir la posición final del grupo y, los fundamentos que la respaldan.
Se puede requerir a los grupos que entreguen Hojas de Trabajo Grupal con los resultados y conclusiones de sus análisis, esta práctica estimula la sistematización y maduración de las respuestas y permite al docente disponer de un material ordenado para analizarlas, formular un resumen , conclusiones y evaluar comparativamente el desempeño de los grupos.
3.3. Trabajo en plenario
Esta etapa se denomina también «etapa de la discusión», o «interrogatorio sobre el caso» [debriefing a case], en ella se reúnen nuevamente todos los cursantes en plenario y escuchan , a través de los respectivos relatores, las posiciones, las propuestas y los fundamentos de los distintos grupos.
El rol del docente en esta fase es relevante, su capacidad para conducir la discusión es fundamental para despertar el interés de los alumnos por los problemas planteados, ayudarlos a realizar un análisis más agudo de los diversos problemas, e inducirles a esforzarse para obtener una comprensión más profunda.
En esta etapa se pretende una verdadera «discusión en clase» más que una explicación del maestro, con preguntas destinadas a verificar la información que poseen los alumnos y formuladas en rápida sucesión, en ocasiones a razón de dos o tres por minuto.
En el desarrollo de esta fase antes de comenzar la presentación de los trabajos realizados por los grupos, el docente se puede referir a las Hojas de Trabajo Individual presentadas por los cursantes, comentando el contenido de las mismas, las similitudes y diferencias observadas y el nivel de calidad del trabajo realizado, destacando aquellos aspectos de interés que pudieron haber sido subestimados por los cursantes.
En el plenario los relatores de cada grupo, a quienes se asignará un tiempo equivalente, presentarán los resultados del análisis realizado. Es conveniente observar el grado de originalidad y efectividad que manifiesten los grupos en cuanto a técnicas, instrumentos o ayudas visuales que contribuyan a aumentar la calidad de las presentaciones.
En general, es conveniente reservar un tiempo para las preguntas, comentarios e intercambio de ideas de los cursantes con relación a los trabajos grupales.
En esta fase lo importante es la discusión y el docente tiene la responsabilidad de orientarla para que la intensidad no decaiga, permanezca centrada en las cuestiones importantes; se destaquen las complejidades y los conflictos, y al mismo tiempo se puedan extraer las ideas de los alumnos y se los aliente a pensar con más claridad.
3.4. Síntesis
Después de que los distintos grupos exponen sus conclusiones, el docente puede realizar un resumen de las mismas, destacando, comentando aquellos enfoques, aspectos, soluciones y fundamento, que resulten comunes, así como aquellos que difieran sustancialmente. Puede también integrar las soluciones propuestas y, presentar -con una visión de conjunto- los comentarios y las conclusiones generales del estudio de caso.
Una vez agotada la discusión el grupo realiza una síntesis ordenando las ideas y soluciones sugeridas por los distintos grupos y se elabora una conclusión final.
Se elaboran informes individuales y grupales cuya finalidad es cerrar el análisis del caso expresando por escrito las propuestas que se consideran más convenientes.
Frente a un caso tomado de una situación real, el docente podría comentar el curso de acción que se siguió en la realidad y las razones que motivaron tal selección. Esto puede ser útil para mostrar que las decisiones que se toman en la realidad, aunque a veces, pueden diferir de las 'mejores' desde el punto de vista teórico y/o técnico, deben tener en cuenta necesariamente la configuración y la combinación de variables sociales, políticas, económicas y culturales que caracterizan al contexto decisorio en el desempeño profesional.
También resultará de interés comentar -si se hallan disponibles- las diversas soluciones propuestas por otros grupos de trabajo para el mismo caso. Este análisis comparativo y complementario puede servir para mostrar la diversidad de soluciones admisibles para un determinado caso.
Lo que fundamentalmente interesa transmitir a los cursantes es la idea 'vivida' de que la selección de cursos de acción, frente a un problema, debería realizarse una vez que se hayan analizado y, evaluado sistemáticamente las distintas opciones accesibles.
Por último, es útil realizar, a modo de cierre de las sesiones de trabajo, una evaluación conjunta de
los trabajos individuales , de la dinámica interna de los grupos, a través de los comentarios y reflexiones de los propios cursantes sobre la experiencia vivida, los aciertos y errores, los resultados alcanzados y los problemas grupales que debieron enfrentarse y resolverse. El docente puede aportar, por su parte, algunas opiniones y recomendaciones derivadas de su observación directa de la dinámica de los grupos.
De tal forma, los cursantes irán aprendiendo, a través de sus propias experiencias, a trabajar cooperativamente en equipos; lo que debería figurar como uno de los objetivos prioritarios de los programas de formación para profesional.
Respecto de la documentación del caso, es conveniente que tanto los mejores informes de los grupos como la síntesis de las elaboraciones del docente sean anexadas (en el 'banco de casos') al expediente del caso de estudio utilizado, de manera que puedan ser consultados por otros docentes que estén interesados en aplicarlo.
4. Rol del docente y de los cursantes durante la secuencia didáctica
El rol del docente se concentra en promover , en la mayor medida posible, el potencial de la técnica de casos para desarrollar en cada uno de los cursantes los conocimientos, las actitudes, las capacidades, habilidades y hábitos definidos en los objetivos propuestos.
El docente actúa como orientador, asesor, consultor, moderador u observador toma a su cargo las siguientes tareas:
a) En la preparación del caso:
v Elaborar el caso
v Seleccionar y estructurar el material en función de los objetivos y problema tratado
v Clarificar y precisar la finalidad y las particularidades de la aplicación de la técnica ,de las actividades por realizar
v Proporcionar los lineamientos y orientaciones previas para el desarrollo de los trabajos individuales y grupales, estableciendo ; controlando los tiempos para cada fase.
b) En la fase de trabajo individual y en pequeños grupos
v Proporcionar tutoría sin bloquear los propios proceso de análisis del grupo
v Aclarar las dudas que surjan antes, durante o después de las tareas
v Fomentar el proceso de indagación y análisis individual y grupal y orientarlo para evitar la permanencia de hipótesis estériles, posiciones simplistas o lugares comunes, de manera que la discusión se encamine hacia la consecución de los objetivos previstos
v Observar el funcionamiento interno de los grupos, las estructuras organizativas adoptadas, el desempeño de roles , los esquemas de comunicación, el grado de participación y el ambiente grupal
v Mantener el interés de los participantes
c)En la fase de interrogatorio y discusión general
v Ayudar al grupo a enfrentarse con sus trabas y errores
v Facilitar el intercambio de información
v Crear un clima propicio para la discusión
v Movilizar y activar todos los recursos conceptuales y metodológicos de los que dispone
Un buen interrogatorio demanda un modo de interacción entre el profesor y los alumnos, el docente debería evidenciar que se esfuerza por ayudarlos a comprender significados , para que reflexionen con profundidad en todo momento, los respeta a ellos y a sus ideas.
Como consecuencia de estas actitudes del docente los alumnos se expresan sin temor, las respuestas y las preguntas los ayudan a alcanzar nuevos niveles de comprensión y a mantener centrada su atención en los problemas, logran apreciar mejor las complejidades y ambigüedades del caso y comprenden que las cuestiones complejas no se prestan a soluciones impecables. Desarrollan una mayor tolerancia de la ambigüedad y capacidad para convivir con la incertidumbre.
El interrogatorio requiere que los docentes se preparen cuidadosamente, aunque se trate de un caso que hayan enseñado muchas veces, que demuestren habilidad para escuchar a los alumnos y comprender lo que quieren decir, para resumir sus ideas en una concisa paráfrasis, para formular preguntas que conduzcan a un examen inteligente de las cuestiones fundamentales, para organizar la discusión de modo tal que las ideas de todos los alumnos sean respetadas y ninguno de ellos tema exponerlas, para mantener la discusión bien encaminada, evitando que se desvíe a causa de la introducción por los alumnos de anécdotas personales y cuestiones no pertinentes.
Es preciso que los docentes eviten indicar a los alumnos lo que deben pensar, juzgar sus ideas prematuramente pues esto podría obstaculizar la discusión .
d) En la etapa de síntesis
El docente tiene en esta fase la oportunidad de capitalizar -en la mayor medida posible- el valor pedagógico de la técnica de casos, extrayendo y formulando conclusiones pertinentes para todos los grupos. En este punto, el rol del docente es fundamental para que los cursantes perciban que sus propuestas han merecido la debida atención, que comprendan que no siempre existe una solución ideal frente a las situaciones que se plantean en el desempeño profesional y que las distintas soluciones presentan cualidades y desventajas.
Las tareas que realiza el docente en esta fase son:
- Coordinar los esfuerzos e ideas producidas por el grupo para que la clase llegue al mejor análisis y la mejor solución posible
- Explicitar los criterios de evaluación de las soluciones promoviendo la autoevaluación
- Evaluar el desempeño y la calidad de los trabajos individual, grupal e intergrupal sobre la base de su perspectiva y de la de los alumnos
- Comentar e intercambiar opiniones con los cursantes enfatizando los aspectos que contribuyan al aprendizaje
- Resumir el contenido de las propuestas presentadas , integrar los distintos aportes y extraer conclusiones generales
- Presentar los aspectos relevantes para enriquecer el proceso de aprendizaje y para perfeccionar los mecanismos de evaluación
4.1. Roles de los cursantes
El rol general de los cursantes consiste en realizar las tareas individuales asignadas y en participar activa y eficazmente en las tareas grupales, con una actitud analítica, creativa, coherente y objetiva. Este rol incluyo las siguientes tareas:
-Estudiar y analizar el texto del caso, elaborar
los diagnósticos y propuestas individuales indicadas, y, preparar los aportes (propuestas, argumentos) para la tarea grupal.
-Aportar ideas, conocimientos, opiniones y actividades grupales.
-Fomentar todos los aspectos que contribuyan a la eficacia del trabajo grupal.
-Analizar el propio desempeño individual y grupal en sus aspectos positivos y negativos, y determinar las vías para mejorarlo.
-Evaluar con los demás integrantes de los grupos, y en plenario, los distintos aspectos relativos a la organización y funcionamiento de las actividades cooperativas, con vistas al logro de un mayor rendimiento grupal.
La realización de estas tareas requiere de los cursantes determinadas habilidades , por ejemplo:
- organización de las tareas individuales y grupales. Es conveniente elaborar un cronograma
- lectura comprensiva de los materiales del caso. Esto implica, por un lado, discriminar ideas principales y secundarias, diferenciar hechos de opiniones, ubicar y jerarquizar problemas, y por otro, el manejo adecuado de la información teórica sobre el caso.
- participación activa en grupos
- exposición y escucha en la discusión
Además de producir un buen análisis y una buena solución es necesario comunicar de manera clara, concisa e interesante los resultados del trabajo grupal.
En el rol de escucha debe tomar notas registrando todo dato que considere importante para el informe final
- redacción de informes formalmente correctos
El informe además de ser correcto en su contenido debe serlo en su aspecto formal: índice, referencias, anexos, cuadros, gráficos,redacción, etc.

Biografía
El estudio de casos como método de enseñanza
Selma Wasserman
Amorrortu, Argentina, 1994
Raths, L , Wasserman ,Cómo enseñar a pensar, teoría y aplicación, Buenos Aires, Piados, 1991